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Proyecto Educativo Institucional PEI

2. Análisis del Contexto

2.2. Caracterización del entorno
2.2.1.   Externo
2.2.2.   Interno: Comunidad académica
2.2.2.1 Los estudiantes
2.2.2.2 Los egresados
2.2.2.3 Los docentes
2.2.2.4 El personal adminitrativo


2.2. Caracterización del entorno


2.2.1 Externo

La Universidad de Medellín, reconociendo su compromiso con el país y con la región, y en concordancia con el Acta Fundacional y con las prioridades que la reclaman desde el contexto social, se siente llamada a atender las demandas y problemas que se le plantean en los siguientes escenarios:

Crisis de legitimidad del Estado y sus instituciones.  Colombia, que vive uno de los conflictos armados más antiguos del continente, se debate entre la necesidad de garantizar las libertades civiles básicas y defender el Estado.  Paradójicamente, el conflicto político-militar lleva a cerrar los espacios civilistas y democráticos que creó la Constitución de 1991.  Por eso nos interesa consolidar el sistema democrático y afianzar sus instituciones mediante la formación de ciudadanos comprometidos con la paz y el debate civilizado; esta realidad nos invita a fomentar el conocimiento y defensa del Estado de derecho y a cultivar la argumentación como expresión de la ciudadanía.

Violencia cotidiana.  La crisis política e institucional del país se refleja en un ejercicio peculiar de la justicia, caracterizado por el desconocimiento ciudadano de las vías formales para el ejercicio de los deberes y la defensa de los derechos fundamentales.  Nos compromete la defensa de la vida como el bien más preciado del hombre y nos ocupa el fortalecimiento de las vías jurídicas formales o alternativas para la resolución de conflictos.

Déficit de ciudadanía.  Con estos términos se designa, en general, la baja participación de los ciudadanos en la definición de políticas públicas, en el ejercicio de la veeduría y en el liderazgo social.  Esta situación se explica, bien por la exclusión deliberada de amplios sectores, o bien por la apatía generalizada hacia lo público.  Superar el déficit de ciudadanía reclama de la educación superior la formación de personas comprometidas con la conducción de la sociedad desde la acción profesional y con el compromiso cívico-político.  Fieles al legado de los fundadores, interpretamos el momento histórico para formar los ciudadanos que necesita el país: profesionales competentes, honrados, líderes del cambio, capacitados para buscar mayores niveles de calidad de vida para ellos y para sus comunidades.

Hoy es urgente articular el sano interés individual por alcanzar cada vez mayores niveles de bienestar, con el compromiso por alcanzar el bienestar colectivo y comunitario.  Trabajamos por formar una persona competente que, dentro de los límites de la sana competitividad, no divorcie su acción de la relación con la sociedad en la que convive.

Cobra importancia nuevamente el concepto de ciudadano como sujeto de derechos y deberes políticos, y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país. Intentamos formar un individuo informado, con capacidad de análisis y de intervención en su entorno, responsable, equitativo, justo, coherente y solidario, en ejercicio pleno de su ciudadanía.  Este sujeto democrático tiene como base de su formación política, la resistencia a la dominación, el amor a sí mismo, el reconocimiento de los demás como sujetos y el respaldo a las normas políticas y jurídicas que dan al mayor número de personas las mayores posibilidades de vivir como sujetos[26].

Globalización de la economía.  Las relaciones sociales están cada vez más regidas por el mercado, y la educación no escapa a esta realidad.  Ante este reto, actuamos desde dos ópticas: la vinculación con el mundo de la empresa y la consolidación de la Universidad.  Nos interesa actuar en concordancia con la política nacional de productividad y competitividad, que tiene por objetivo mejorar la productividad de las empresas para aumentar la competitividad de los productos y las exportaciones de Colombia.  Como Universidad nos compete la formación de profesionales que contribuyan al desarrollo de nuevas tecnologías y a la consolidación de empresas del conocimiento.  Se exige la acción concertada entre la Universidad y el mundo de la empresa, a fin de facilitar los procesos de desarrollo científico y tecnológico que requiere el país y promover su aplicación en los contextos local y regional.  Nos esforzamos por mantener una interacción fructífera entre el sector privado y la comunidad académica para generar nuevas empresas de conocimiento, grupos de innovación en las empresas, centros universitarios de innovación, clubes de interés y comunidades educativas.  La Universidad estará atenta a mantener su oferta y a procurar las alianzas que sean necesarias para continuar con sus propósitos, pues la globalización económica nos reta a mirar el mundo con sentido universal y con el rigor del conocimiento.

Desarrollo sustentable y medio ambiente.  Las cumbres mundiales sobre la tierra, celebradas en 1992 y en 1997, y en especial la Declaración de Río, marcan la pauta para vincular el desarrollo regional y nacional con la protección del medio ambiente, en busca de un desarrollo sustentable.  Cobran particular interés para la Universidad de Medellín los estudios sobre el entorno urbano, el desarrollo sustentable, los asentamientos humanos y los temas demográficos, las leyes medioambientales y la educación en estos asuntos.  Nos interesa la consolidación de un pensamiento ambientalista, entendido como un conjunto de actitudes y valores destinados a caracterizar la relación del hombre con su entorno natural como conservacionista y proteccionista.  Desde el ámbito universitario, este pensamiento se traduce en reflexión, crítica, acción directa, formación de sujetos y promoción de políticas públicas y privadas, encaminadas a hacer realidad estos postulados.

Plantear la contribución  a un modelo de desarrollo  sustentable desde la educación superior parte de la premisa de que “ninguna de las áreas del conocimiento se encuentra al margen de la problemática ambiental, misma que está ligada a los problemas sociales, económicos y de distribución equitativa de los recursos”[27].

Como universidad, esperamos responder a los desafíos del desarrollo sustentable desde todas y cada una de las funciones sustantivas, articulando la generación, transmisión y difusión del conocimiento y la gestión de proyectos con las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, a partir del convencimiento de que “requerimos rediseñar nuestro proyecto civilizatorio”[28].

Estas características del entorno en que se inscribe la acción de la Universidad, le plantean el reto de ofrecer programas que respondan con idoneidad a las inquietudes y necesidades sociales.  Por esta razón, la Universidad de Medellín trabaja por ampliar su oferta educativa con programas de alta calidad y pertinencia para el desarrollo regional, nacional e internacional.  Está abierta a vincularse a los procesos de desarrollo regional que contribuyan a la construcción de un país en paz, competitivo y respetuoso del medio ambiente.  Toda iniciativa de desarrollo, pública o privada, merecerá la atención de la Universidad, en especial cuando concuerde con los postulados fundacionales de la Institución, afincados en la búsqueda de soluciones a los problemas colombianos y en un esfuerzo permanente por alcanzar la inserción del país en el mundo globalizado.

En este marco, la Universidad cuenta con la palabra responsable como herramienta privilegiada para su actividad académica.  Confiando en sus potencialidades, valorando el encuentro entre diferentes y fomentando el diálogo crítico, el Proyecto Educativo Institucional compromete a la Universidad de Medellín con la región y el país, como parte que es de una misma tierra, una misma realidad y un mismo sueño de futuro[29].

La UNESCO ha planteado los retos mundiales de la educación para el nuevo siglo. El organismo mundial afirma que los escenarios educativos viven las tensiones propias de un mundo globalizado, en especial las generadas por la oferta cultural mundial y la necesidad de afianzar la identidad local.  Esta primera tensión exige de la Universidad una actitud equilibrada que le permita mantener y fortalecer los elementos identificadores de nuestra cultura, así como recibir y adaptar los aportes que permitan las transformaciones que sean necesarias para insertarse en el mundo.

La educación tiene un doble reto:  mantener la identidad cultural en sus rasgos fundamentales, y transformarla en los que significan atraso.  Por eso se evidencia otra tensión entre lo que se considera universal y lo que es singular.  Es un reto para la Universidad asumir los valores que la humanidad construye y considera inalienables, es decir, aquellos referentes de la cultura universal que son válidos para todos los 
hombres, en todos los lugares.  Pero es también fundamental identificar y fortalecer los elementos que constituyen el núcleo de la identidad regional y nacional, y nos hacen colombianos.

Responder a las necesidades nacionales exige planificar y actuar considerando el largo y el corto plazo.  La mirada de largo plazo es aquélla que exigen los problemas endémicos del país o de la educación superior y cuya solución por difusa, incierta o esquiva demanda paciencia, continuidad, reflexión y debate pausado.  Esta perspectiva reclama líneas de investigación y acciones que trascienden el tiempo; sólo el recorrido histórico ofrecerá respuestas a esos problemas, gracias a la sabia lectura restrospectiva y a la atrevida, pero fundamentada, lectura prospectiva.

La mirada de corto plazo es la que reclaman los problemas coyunturales.  Las soluciones a tales demandas se encuentran generalmente en aplicaciones novedosas de procesos apropiados y adecuados al contexto.  El corto plazo exige la capacitación para evaluar las situaciones, desarrollar las destrezas necesarias y aplicar los procedimientos pertinentes.

La necesidad de permanente revisión curricular también demuestra que la formación del profesional debe responder a las necesidades planteadas en el presente, sin perder de vista la necesaria inserción en la dinámica del tiempo.  La Universidad está empeñada en responder a estas tensiones manteniendo clara su identidad como centro del saber y como lugar para la investigación permanente.

Con espíritu abierto dialogamos con el mundo, contando con la incertidumbre que despiertan la casi total desaparición de los relatos universales y el permanente y acelerado desarrollo tecnológico y científico.  Buscamos que exista un amor intelectual por la naturaleza, el hombre, las acciones y las obras humanas[30].

Estamos convencidos de que la docencia, la investigación y la relación con la comunidad serán imposibles o por lo menos carecerán de pasión sin el enamoramiento intelectual que debe caracterizar a un universitario.  Este amor intelectual debe corresponderse con la capacidad de entrega al cumplimiento de una obra intelectual.  No basta amar intelectualmente la realidad; es preciso que ese amor sea eficaz, que nos conduzca a empeñarnos con humildad en saber todo lo que los demás hombres han hecho cuando por él fueron movidos, en hacer algo por cuenta propia, aunque sea poco, en servicio suyo, y en comunicar puntualmente a los menesterosos de conocimiento el resultado de ese doble empeño[31].

En un mundo competitivo e insolidario cobran valor el trabajo colectivo y las empresas solidarias.  Por eso creemos firmemente en la cooperación como otro de los fundamentos del ser universitario.  La Institución universitaria nació tanto del afán de saber y aprender como de un espíritu de comunidad social; no olvidemos que el término Universitas fue originariamente empleado para designar, más que el establecimiento docente en sí mismo, o Studium generale, la corporación de los escolares o de los escolares y los maestros.  El hombre radicalmente insolidario puede ser genial, mas no tiene en la Universidad su lugar propio[32].

Nos proponemos formar un ciudadano culto, entendiendo por cultura el repertorio de ideas que tienen las personas para vivir de acuerdo con sus circunstancias históricas. A la Universidad le corresponde fomentar y preservar la cultura; y, con Ortega y Gasset, creemos que no basta a la Universidad ofrecer conocimientos: es de su naturaleza ofrecer cultura[33].

En consecuencia, entendemos la educación como formación, y la cultura como cosmovisión.  Ambos procesos son fundamentales para potenciar las capacidades de los individuos y ponerlas al servicio de la comunidad.

De acuerdo con Luis Jorge Garay[34], en el contexto colombiano, corresponde a la educación superior, y por tanto a nuestra Universidad:

El desarrollo de un nuevo ethos cultural orientado a la superación de la raíz de los problemas esenciales de la sociedad colombiana y a la potenciación máxima de las capacidades intelectuales y organizativas.

La valoración del reconocimiento moral del individuo y el deber de la civilidad de la responsabilidad del individuo consigo mismo y con los otros en pie de igualdad como requisito para la formación de una ciudadanía deliberante, auto-reflexiva y protagonista del desarrollo de la sociedad.

La legitimación de la prevalencia de principios y valores civilistas con sustento en el aporte comprometido de la ciudadanía, no sólo con su propio comportamiento que haga valer sus derechos, sino, además, asumiendo la obligación de contribuir para velar y hacer valer los derechos y deberes de sus conciudadanos.

La priorización de la formación cultural y la educación como proceso de inclusión social.  Se ha de dar prioridad en la inversión social al logro de un sistema educativo incluyente y equitativo a pesar de su estratificación en niveles y su diversificación dentro de cada nivel; ello sólo será posible si se brinda igualdad de oportunidades de acceso, buena calidad y pertinencia en cada nivel, y multiplicidad de opciones de entrada y salida.

La configuración de la evaluación como una verdadera práctica social.  La existencia de una estrecha relación entre la calidad de los procesos educativos y la efectividad de la evaluación tanto académica como institucional exige el compromiso de avanzar en el fortalecimiento de procesos de autorregulación, que son los que garantizan un sentido integral de autonomía en relación con los diversos aspectos de la educación: instituciones y políticas, normas y contenidos, formación y conocimiento, gestión y organización, estudiantes y docentes, y, en fin, principios y fundamentos de la formación de los ciudadanos.

Para la Universidad de Medellín tiene especial importancia la cultura de la investigación científica.  No se pueden atender debidamente las demandas sociales sin una investigación enraizada en la comunidad académica.  La identidad del universitario debe estar sustentada en una actitud interrogante y nutrida por una 
formación que le permita hacer del acto educativo una posibilidad de indagación científica.  Es ineludible la responsabilidad de fortalecer el sistema de investigación científica y tecnológica, y la adopción de programas de formación del profesorado en especial en maestrías y doctorados para el mejoramiento continuo de la actividad docente.

El diálogo con las comunidades académicas y la apertura al mundo exigen un interés particular por diseñar y desarrollar estrategias para convertir la Universidad en un centro abierto a las diferentes culturas y lenguas.



2.2.2. Interno:  Comunidad académica

La Universidad es el escenario donde convergen la experiencia y la expectativa, la prudencia de los años y la fogosidad de la juventud:  adultos y jóvenes se citan allí para comprometerse con el conocimiento y con la formación.  Este compromiso supera lo académico y, gracias a las interacciones formativas dentro y fuera del aula, afecta a todo sujeto del proceso educativo.

Lo que sucede en la Universidad se corresponde con lo que sucede entre los sujetos: la tradición dialoga con la novedad; los métodos con la improvisación; la razón con los sentimientos; la coherencia con la fragmentación; el rigor con la creatividad; la profundidad con la levedad; la continuidad con la dispersión...  Por eso, el diálogo permanente que marca las relaciones entre estudiantes y profesores tiene como referente la formación.  Esta afectación es mutua y nos interesa contrastar al joven expectante, inexperto y fogoso, responsable de construir y mantener su condición de estudiante, con el adulto, quien posee cierta dosis de experiencia que le otorga su lugar en el proceso educativo, apasionado con un saber y cuya responsabilidad es orientar, acompañar y soltar al estudiante para que despliegue su ser posible, para que se construya en interacción creativa con el mundo.


2.2.2.1 Los estudiantes

Hablamos de los jóvenes de esta época, reconociendo la dificultad que implica delimitar un período y llamarlo época.  Ellos, y por inclusión los estudiantes, tienen un gusto particular y una manera poco convencional de expresarlo.  Omar Calabrese alude a este gusto de la época[35]  y destaca los elementos que permitirían hablar en tales términos.  Entre dichos elementos se señalan el ritmo y la repetición, como condiciones presentes en los modelos que se copian de los medios masivos y que producen cierta identidad con un patrón.  El límite y el exceso, como tendencias estéticas:  se tiende al límite y se procura la excentricidad.  El detalle y el fragmento, en contraposición con los relatos universales, o con las explicaciones generales de los fenómenos:  se privilegia la parte sobre el todo, el caso sobre la generalización.  La inestabilidad y la metamorfosis:  todo es frágil, susceptible de demolición, o, en el mejor de los casos, mutable.  El desorden y el caos, como otro orden y otra posibilidad de afirmación en la acción.  El nudo y el laberinto, como metáforas para referirse a algunas maneras de afrontar la complejidad:  el laberinto, como un orden establecido, pero desconocido para quien lo recorre; y el nudo, como cruce de opciones intrincadas.  Y el más-o-menos y no-sé-qué: el primero, como la aproximación cautelosa a cualquier objeto o fenómeno, a partir de dar por sentado que nada se puede conocer profunda ni completamente;  y el segundo, como reivindicación de lo oscuro y vago, y del placer de vivir en la imprecisión.

Para la vida universitaria cobran especial importancia las actitudes y las acciones juveniles proclives a abandonar el rigor que exige hacerse universitario.  Nos reta la necesidad de entender las formas de percepción que tienen los jóvenes, fruto, en buena parte, de su exposición al reinado de la imagen, dentro de una condición posmoderna.  Esta preocupación no debe confundirse con la renuncia a conquistar la palabra.  Cuando la imagen destaca el fragmento y lo efímero, la palabra reclama la coherencia y la permanencia.

En los jóvenes prima la percepción sensorial.  Acercarse a los fenómenos de su interés, desde lo que en general se llama teoría, es casi ajeno por completo a su manera de estudiar.  Su relación con los objetos de conocimiento es más sensible y estética que teórica o conceptual.  Igualmente, los estudiantes han estado expuestos a altas dosis de literatura liviana; el tratamiento de los grandes temas del hombre se ha sometido a las formas ligeras de percepción y abundan los textos con apariencia científica y empaque pseudo académico.

Sin renunciar a la necesaria dosis de sensibilidad que debe acompañar a cada ser humano, nos interesa ofrecer a la juventud la herencia histórica indispensable para que pueda acercarse rigurosamente a la ciencia y al conocimiento.  La formación del nivel superior debe poner a disposición del estudiante el conocimiento de los procesos propios de la ciencia.  Por tanto, junto con la sensibilidad, trabajamos por desarrollar las capacidades de análisis, síntesis, comprensión, relación, inferencia y extrapolación, propias de los procesos de inducción, deducción y abducción.  Esta formación se complementa con el dominio de las herramientas propias de los saberes específicos.

Nos interesa que el estudiante cultive su respuesta a la belleza, gracias a un acercamiento a la experiencia artística y literaria; como ser sensible, deberá añadir a su formación científica una buena dosis de intuición para abrir un espacio a la belleza, tomando distancia de la levedad, asumiendo un sentido estético y procurando ganar cada día mayores niveles de rigor, sin renunciar a la frescura juvenil, en sus acepciones de amenidad y fertilidad.

La variedad socioeconómica de nuestros estudiantes obedece a las políticas de admisión, que benefician a los estudiantes de todos los estratos, sin distingo de raza, credo o condición alguna, en constante fidelidad al deseo de los fundadores, expresado en los postulados de la Institución.  Estas políticas permiten que hijos y cónyuges de docentes y trabajadores cursen estudios en condiciones económicas favorables; así mismo, se garantiza la igualdad de oportunidades, mediante la concesión de becas sociales y la adopción de sistemas adecuados de financiación para todos los estratos.

Académicamente, los estudiantes que ingresan en el primer semestre acusan las deficiencias propias de nuestro sistema educativo en la educación básica y en la media académica.  En su mayoría provienen de colegios privados que ocuparon los niveles alto, superior y muy superior en la clasificación de las pruebas de Estado (ICFES).  Una proporción menor llega de colegios con nivel medio, y otra, muy pequeña, proviene de colegios que obtuvieron nivel bajo.  A ellos, asumidos como proyectos vitales, les acompañamos en su proceso de formación y procuramos cerrar la brecha que separa el ámbito familiar del universitario; en ese sentido, la Universidad fomenta la participación de los padres de familia en el proceso formativo.


2.2.2.2 Los egresados

El egresado es un actor fundamental en el desarrollo de todos los procesos institucionales. La autoevaluación, la planeación institucional, el mejoramiento curricular de los programas académicos y el impacto social de la Universidad toman en cuenta sus aportes. Así, el desempeño de los egresados en las diferentes áreas profesionales es vital para la construcción de la imagen académica de la Universidad.

La Misión de nuestra Universidad es, ante todo, formadora de profesionales íntegros, capacitados para aportar a la construcción social desde su labor profesional y su ser personal.  La Universidad le apuesta, por ello, a que su egresado sea el fruto de un proceso de formación integral que inicia el día en que él decide formarse en esta casa de estudios y hacer parte de ella; pero, de ninguna manera, el proceso culmina con la graduación: el acompañamiento personal y profesional de la Institución con sus egresados es para toda la vida.

El desempeño de nuestros egresados como profesionales y como ciudadanos es preocupación constante de la Institución, que se nutre de sus experiencias. La vida universitaria requiere de su presencia; ellos tienen una gran responsabilidad en el desarrollo institucional; por naturaleza, son los representantes de la Institución ante la sociedad, son la imagen que la sociedad tiene de la Universidad, son los encargados de llevar el nombre de la Institución a su ámbito profesional. Son, en última instancia, el vínculo principal de la Universidad con el entorno social.

La comunicación y el fortalecimiento constante de la relación con el egresado permiten a la Universidad acceder a referentes más fiables sobre la calidad de su formación disciplinar, razón por la cual el egresado representa una de las voces más autorizadas al momento de evaluar, fortalecer o redireccionar los programas académicos, la investigación y la proyección social.

Por esta razón, estatutariamente, el egresado de esta casa de estudios adquiere derechos sobre el rumbo de la misma y afianza su relación mediante programas que le reconocen su lugar —como dueño y como socio— en la vida institucional. En este sentido, constituye un estamento especial de nuestra comunidad educativa.

2.2.2.3  Los docentes

En contraste con esta manera de asumir la vida y la academia, está el mundo adulto representado por los docentes.  Los docentes entran a jugar un papel de referentes para estos jóvenes y, en general, representan otra postura y otra opción frente al saber, a la investigación y al ser profesional.

La tendencia al límite y el exceso juvenil choca con la propuesta de ponderación y mesura que propone el adulto, en quien se evidencia una tendencia hacia la entrega de respuestas o al señalamiento de métodos y procesos para la búsqueda de éstas.

El docente es más afín a las explicaciones generales de los fenómenos y, aún en medio de la certeza de la incertidumbre posmoderna, se perciben tendencias hacia la estabilidad y el orden.  El adulto parte de haber recorrido un camino que enseña o marca al joven; huella o marca que puede ser dada por el método, por el saber entregado, por la formación en la pregunta y en la duda o por el conocimiento y la construcción de paradigmas frente al saber que se comparte en el encuentro educativo.

Consciente de la fragilidad de las verdades científicas y de la complejidad de los objetos de estudio, el adulto asume la ponderación y relativización de su mirada, y valora los acercamientos que se hagan desde otras disciplinas y saberes, aunque esta cautela se da ya no desde la búsqueda de una respuesta (como podría hacerlo el estudiante) sino desde un saber y un lugar que le otorgan ciertas certezas.

Pedagógicamente, el adulto se mueve (o sería deseable que lo hiciera) en la búsqueda coherente del conocimiento y procurando la entrega metódica del saber, esto es, en un afán didáctico por hacer comunicable su conocimiento y su experiencia.  Esta actitud asume la rigurosidad del ser universitario y propone la construcción paulatina de tal condición mediante la adopción de rutinas y hábitos que han de generar tal identidad y han de fomentar la posibilidad de representación simbólica en el intercambio académico.  De allí que la construcción de conceptos, la expresión de los mismos y su discusión sean radicalmente diferentes en el adulto que enseña y en el joven que es enseñado y construye su saber.

La relación del docente con los objetos de conocimiento es más teórica y conceptual y, en muchos casos, basada en investigaciones, experiencias sistematizadas, lecturas de base y, ante todo, propósitos formativos.

El adulto que enseña es un canal de conexión entre la historia precedente de su saber y el futuro posible que se labra cada estudiante en su acercamiento al objeto, a los métodos que lo rigen y al desarrollo de sus competencias.  Por eso trabaja para desarrollar en el joven sus capacidades de análisis, síntesis, comprensión, relación, inferencia y extrapolación, propias de los procesos de inducción, deducción y abducción.  Esta formación la complementa con el dominio de las herramientas propias de los saberes específicos.

Una buena parte de nuestros docentes ejerce profesionalmente en las esferas gubernamental y productiva.  Para la Universidad de Medellín esta presencia no es casual.  Nuestro perfil nos obliga a mantener relaciones fluidas con el sector gubernamental y con la empresa privada, motores del desarrollo nacional y, por tanto, escenarios privilegiados para la práctica y la actuación profesional de nuestros egresados.


2.2.2.4  El personal administrativo

Por sus políticas laborales, la Universidad ha conformado una planta estable de funcionarios, caracterizada por su compromiso con la Institución y por el conocimiento de las funciones administrativas requeridas para ofrecer el servicio educativo con comodidad, eficiencia y calidez.

La modernización administrativa está orientada a responder institucionalmente al nuevo escenario en el que se mueve la Universidad.  Una universidad abierta al mundo debe ajustar sus procesos a esa nueva realidad.  Los empleados administrativos de la Universidad son beneficiarios de la oferta educativa y sus condiciones laborales los reconocen como actores vitales de la vida universitaria.

Los procesos de admisión, el mantenimiento del campus, la relación de las dependencias con sus públicos y el mejoramiento continuo tienen un respaldo grande en los empleados de la Universidad de Medellín.

 

 

 
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