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Con esta experiencia, se ha podido verificar desde la realidad, la manera como los estudiantes han asimilado los contenidos ofrecidos en la totalidad de las asignaturas y cómo se han apropiado del perfil específico que el programa se propone. Esto se refleja, no sólo en las evaluaciones que de los estudiantes han hecho las empresas y los asesores de práctica, sino, también, en las propuestas que presentan al final de la experiencia, como sistematización de la misma, propuestas que en la mayoría de los casos han sido implementadas por las empresas y han sido incluidas en planes de acción específicos, orientados a fortalecer procesos en los cuales interviene la comunicación.
Es indiscutible la contribución que le significan las prácticas empresariales al proceso de formación integral, como elemento presente en la dirección de la Universidad. Durante la realización de la práctica, el estudiante tiene la posibilidad de trabajar en equipo, asumir responsabilidades concretas como persona y profesional, responder a expectativas y objetivos de la organización que lo vincula, sensibilizarse con problemáticas sociales, participar con propuestas que enriquecen su formación y proyectar los valores que ha pretendido forjar en él la Universidad. La práctica empresarial hace del estudiante un mejor profesional y un mejor ser humano.
Para la práctica empresarial en la Universidad, se cuenta con una normativa que permite diferentes modalidades en las cuales se puede ubicar el estudiante. Son ellas: práctica profesional, práctica social, práctica internacional, reconocimiento de experiencia profesional anterior y proyecto de autogestión, mediante la creación de la propia empresa. Todas ellas con resultados concretos para la proyección social del programa y para la formación integral de los estudiantes. |
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